Las 4 voces internas que intentaron sabotear mi juego en midstakes

Si jugás póker en serio, sabés que las decisiones importantes no se toman solo con información incompleta y cartas, también se toman con las voces que tenés en la cabeza.

En mi caso, cuando empecé a tomar el póker como algo serio, mi diálogo interno era una mezcla rara: un rush de convicción, ganas de seguir devorando stakes, mucha hambre de aprender y una certeza interna de que este juego me había atrapado para siempre.

Con los años, ese diálogo se fue llenando de voces distintas, algunas me empujaban, otras me frenaban y otras solo hacían ruido. En este post te cuento 4 voces internas que he notado en muchos jugadores regulares de NL50 a NL200 y que aparecieron en mi camino como jugador profesional. También te cuento cómo afectaron mi juego y qué hice para que dejaran de sabotearme. 

Entender estas voces a tiempo puede ahorrarte varios años de pelear contra fantasmas dentro y fuera de las mesas.

1. La voz de la autoexigencia: de buena gasolina a un peso en la espalda

Cuando pienso en mi autoexigencia, suena más o menos así:

“Vamos a enfocarnos como en los viejos tiempos,
vamos a darlo todo en las mesas.
Hay que revivir esa llama.”

Cuando estoy “a tope” con el póker, esa voz tiene algo bueno: me ayuda a eliminar todo lo que considero distracción y a poner el juego en prioridad máxima.

El problema es cuando esa misma voz no entiende de límites.

Hubo una etapa de mi carrera en la que pasé 15–18 meses de muchísimo póker, con muy poco respeto por los tiempos de desconexión. Grind, más grind, más grind. La fórmula parecía funcionar… hasta que dejó de hacerlo. La falta de equilibrio empezó a pasar factura: cansancio, menos claridad, menos espacio para estudiar de verdad.

Ahí entendí algo importante:

La autoexigencia es buena gasolina hasta que empieza a quemar el motor.

¿Qué hice para bajar el volumen de esa voz?

  • Tomarme períodos para bajar el ritmo a propósito. Hubo momentos en los que grindeaba solo unas 40 horas al mes, casi sin estudio, solo para recuperar espacio mental.

  • Aprender a respetar más mis horarios y a no jugar cansado.

  • Recordarme que mi mejor versión como jugador no aparece cuando me exprimo al máximo, sino cuando encuentro un ritmo que pueda sostener.

Hoy, cuando siento que la autoexigencia se está pasando de la raya, la señal suele ser simple: me noto disperso, abriendo el teléfono, podcasts, cualquier cosa menos estar 100% en la mesa.

Cuando eso pasa, la regla es clara: insta cerrar sesión y volver luego mejor preparado.

2. La voz del miedo a fallar: de mentalidad de escasez a confianza en el proceso

A muchos jugadores el miedo a fallar se les nota en cosas como:

  • no subir de stake,
  • nitear spots claros,
  • jugar para “no perder” en lugar de jugar para tomar decisiones EV+.

En mi caso, esa voz no se manifestó tanto por ahí sino que se hacía sentir en momentos muy concretos: cuando estaba corto de banca o no tenía claro el proceso que estaba siguiendo.

Ahí aparece una trampa muy conocida:

La mentalidad de escasez. No querés arriesgar lo poco que has conseguido.

Con el tiempo, fui aprendiendo algo que cambió mi relación con ese miedo:

  • Cuando no tenés un proceso, cualquier error parece un desastre.

  • Cuando sí tenés un proceso, el error pasa a ser parte del camino.

El póker es, por definición, un juego de acierto y error, y también de repetición. Es imposible atravesar una sesión sin equivocarte. Aceptar eso temprano te ahorra mucha autoflagelación y mucha energía gastada en pelear con lo inevitable.

¿Qué me ayudó a que esa voz pierda fuerza?

  • Estudio constante: cuando estás estudiando de verdad, confiás más en que tu decisión tiene sentido, aunque el resultado puntual sea malo.

  • Compartir manos con otros regs: pedir ayuda cuando la necesitás y validar que no sos el único que se equivoca en esos spots.

  • Compromiso con objetivos claros: cuando tenés un rumbo, un error es solo un desvío, no un final.

Hoy, la confianza no viene de creer que no voy a fallar, sino de saber que tengo herramientas para corregir cuando eso pase.

3. La voz de “tengo que recuperar ya”. Nunca la dejé manejar el volante

Acá voy a reconocer algo muy importante: nunca fui del tipo de jugador que se sienta a “jugar para recuperar”.

Una de las ideas que más me ha ayudado a proteger mi juego es esta:

El póker es una sesión infinita que se divide en pequeños tramos.

Cuando entendés eso, un downswing deja de ser una urgencia que tenés que reparar en la próxima sesión, y pasa a ser una parte del camino que tenés que atravesar con la mejor versión de tu juego.

¿Eso significa que nunca sentí el impulso de forzar? No. El tilt, cuando aparece, suele empujarte hacia:

  • over-agresividad,

  • intentar ganar cada mano,

  • alargar sesiones cuando ya estás cansado.

La diferencia es que, con los años, aprendí a leer las señales:

  • si estoy distraído,

  • si empiezo a abrir el teléfono,

  • si ya no estoy pensando con claridad…

Si eso sucede no es momento de “jugar un ratito más a ver si remonto”, es momento de cerrar sesión.

El punto de quiebre real no fue una mano ni un downswing concreto; fue el momento en el que entendí que:

Si construís un proceso sólido, dejás de jugar a recuperar y empezás a jugar a largo plazo.

Ahí el enfoque cambia de “necesito que este día salga bien” a “necesito que mi método funcione a lo largo de miles de manos”.

4. La voz de la comparación: aprender sin perder tu propio juego

Esta es, quizá, la voz que menos ruido me ha hecho en toda mi carrera.

Nunca fui de compararme demasiado con otros regs. Puede sonar egocéntrico, pero la realidad es que mi referencia siempre fue bastante pequeña. No pasé tanto tiempo metido en escuelas, foros o grupos donde todo el mundo comparte gráficas y resultados todo el día.

¿Admiro a otros jugadores? Sí, claro.

Respeto mucho la ética de trabajo de algunos colegas, como Luismi o Jordi. Hemos estudiado tanto juntos que siempre los sentí más como aliados que como competencia. Sus resultados nunca fueron para mí una vara para sentirme más o menos.

Creo que una de mis mayores virtudes ha sido esta:

Siempre traté de aprender de otros, pero implementando solo lo que encajaba con mi estilo de juego.

Nunca quise “jugar el juego de otro”. Cada ajuste que hacía, lo pasaba por un filtro: “¿Esto tiene sentido en mi pool, en mis límites, con mi forma de pensar?”

Por eso tampoco me obsesioné con gráficas ajenas, ni con los logros de los demás. He preferido ir a mi ritmo, con mis objetivos, sabiendo tanto mis fortalezas como mis limitaciones.

Hoy, si me comparo con alguien, es desde un lugar muy simple:

  • inspiración en la ética de trabajo,

  • respeto por quien lleva años haciéndolo bien,

Y lo asumo así, sin perder de vista que mi foco está en construir mi mejor versión para poder ofrecerles algo valioso a mis alumnos.

Cómo suenan esas voces hoy

Si miro mi carrera hoy, diría que muchas de esas voces ya no gritan y algunas casi ni se escuchan.

No tengo el mismo miedo al fracaso que pude haber tenido en mis primeros años. Llevo tanto tiempo viviendo del póker que, honestamente, me costaría imaginar una vida sin estar conectado de alguna forma a este juego.

Cuando alguna voz se quiere subir el volumen —autoexigencia, dudas, dispersión—, mi respuesta es siempre la misma:

  • vuelvo al proceso,

  • estudio,

  • comparto manos,

  • me preparo fuera de las mesas como corresponde.

Si un alumno me dijera: “tengo exactamente esas voces en la cabeza”, lo primero que le diría es que trabaje su mental game con un profesional. No porque yo no comprenda el trabajo interno, sino porque sé que hay especialistas que pueden ayudarle a entender de dónde vienen esas voces y cómo gestionarlas mejor. Yo puedo acompañarlo desde el póker, pero hay batallas que se ganan también fuera del software y de las manos marcadas.

Lo que me enseñaron estas voces (y lo que le digo hoy a mis alumnos)

Si tuviera que resumir el gran aprendizaje de convivir con estas voces y empezar a callarlas, sería este:

Es normal dudar de nuestros primeros pasos. Por eso es tan importante darlos firmes y crear bases sólidas desde el inicio. Cuando estamos trabajando de verdad para alcanzar nuestras metas, esas voces se escuchan cada vez menos porque confiamos en que lo mejor está por venir.

Eso es, en el fondo, lo que quiero transmitir con TrueEV:

  • que tengas estructura para que la autoexigencia no te queme,

  • que aprendás a ver el error como parte del proceso EV+,

  • que entendás el póker como una sesión infinita,

  • y que construyás un camino propio, sin perseguir la gráfica ni la vida de nadie más.

Las voces internas no desaparecen por completo, pero cuando tenés método, estudio, acompañamiento y claridad, dejan de sabotear tu juego y se convierten en algo mucho más útil: recordatorios de que estás vivo, aprendiendo y comprometido con convertirte en tu mejor versión como jugador.

 

Categorías

Seguí aprendiendo con TrueEV

Seguinos en nuestras redes sociales y nuestro Blog para convertir tu juego a EV+